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viernes, 5 de febrero de 2010

UN CUENTO


UNA TRAGEDIA

Era el domingo día de la resurrección, tiempo en que cada uno de los parroquianos se atavía de sus mejores vestidos, las mujeres, lucen sus corpiños abigarrados para seducir a los hombres, ellos que muy sutil dejan escapar su gesta para adular ese caminar arrogante y sensual que inspiran las mujeres de ese pueblo. Después de la misa de gallo como decía el párroco del pueblo.
Para Antonio Cardona un ladino de por ahí, un fulano que solo pensaba en hacer conquistas, porque tal ves, era lo único que sabia hacer, también ese Domingo de resurrección se vistió con su mejor traje para asistir a la misa de gallo, como lo decía el párroco de mi pueblo. Para Antonio Cardona era muy natural que los Domingos llevara sus amarillentas botas tejanas muy bien lustradas, porque si alguna cosa caracterizaba a Juan eran sus atuendos siempre tan radiantes, su Jean muy pulcro, lo único que cambiaba cada día era su color, siempre llevaba bien puesto su pantalón, aquellos que se ponía todos los Domingos y fiestas de guardar, Antonio siempre se consideraba un hombre sensual y de muy buen vestir, no solo el lo pensaba, también se lo demostraban las damitas que fornicaban con el y que a diario se lo demostraban cuando en las esquinas del pueblo votaban la baba al verlo pasar, sus camisas eran de fina tela de Chalis importado, que siempre las llevaba hasta finalizar su brazo y dar el inicio de su manos, estaban siempre bien planchadas, no se le notaba arruga alguna, lo único que dejaba entrever entre su fortachón brazo y su mano era un hermoso reloj Suizo de color dorado, el que cuando le caían los rayos del sol alumbraba tanto o igual que el mismo astro, por el pulso de oro que adornaba la prenda.
Ese día Antonio llevaba una chaqueta de cuero y como siempre estaba bien peinado y muy bien afeitado, esos rizos dorados de su cabello corto que le hacían juego con su reloj siempre los tenia muy bien ordenados, su metro y ochenta de estatura lo hacia sobre salir entre la multitud, hombres y mujeres lo admiraban, yo no se la razón y nunca la sabremos porque ese Domingo lo esperaba la providencia.
A la espera en el atrio del Templo de Nuestra Señora del Carmen, así se llamaba la parroquia donde solían reunirse ricos y pobres, bonitos, feos y hasta la putitas del pueblo para escuchar la santa misa, allí esperaba muy ávido Antonio a que finalizaran los oficios religiosos para ver salir las encopetadas bellezas que allí se reunían, de pronto y con igual vestido llego su amigo de siempre, su más fiel y buen consejero Juan Gozarea que al igual que todo el pueblo se reunía en La Iglesia de Nuestra Señora del Carmen para escuchar los sermones del Padre Crisanto. Juan, era un tipo de hombre criollo pero bien plantado, nariz recta ojos color miel y el cabello totalmente negro de corte tan alto que se le veían las orejas, siempre llevada en su cabello una aplicación muy tenue de brillantina, solo quien lo conocía de cerca sabía que Juan usaba brillantina, esta la usaban los maricones, pero el la usaba con el propósito de no dejar levantar ni el más mínimo de sus cabellos. Porque de maricon no tenía nada. Ese día, el día de la resurrección Juan también lucia su mejor vestido botas tejanas marrones un pantalón azul de Jean de esos que los albañiles llevan a la obra, pero este era impecable por su color y su planchado, la camisa rosada, que no se podía ver bien porque la tapaba la chaqueta de cuero marrón que llevaba puesta ese día, Juan y Antonio se saludaron eran muy buenos amigos y empezaron a compartir, hacer burla y mofa sobre esas aventurillas de noches inolvidables de mujeres, música, placer mundano al que solían pertenecer por sobre todo Antonio que era el mas intrépido y atrevido, a ninguno de los dos le gustaba el alcohol.
La misa de gallo como solía decir el párroco del pueblo estaba por terminar, en el pueblo ya iban hacer las doce del medio día, en algún momento se escucharía los doce campanazos del reloj de la iglesia principal. Las personas irían a recibir su almuerzo y luego a descansar era el domingo de la resurrección.
Pero para aquellos fulanos no, ellos solo querían compartir hablar de sus historias, y así lo hicieron, como lo hacían todos los domingos, entraron a la Medialuna, el sitio acostumbrado para almorzar los domingos, donde platicaban y planeaban el futuro, el incierto porvenir de aquellos dos hombres, para sentir mayor satisfacción de su almuerzo se tomaban cada uno una taza de café negro, según Antonio eso le ayudaba a la digestión. Y entre una y otra historia, estos dos veían caer la tarde en ese pueblo hermoso de calles empedradas y balcones coloniales, que adornaban el parque principal, pueblo que estaba encallado en una alpujarra de montañas hermosas y reverdecidas, que daban imponencia a la dialéctica de la naturaleza, ese parque era cómplice de ese atardecer en el domingo de resurrección.
Después de un sol radiante, los atardeceres se tornaban grises y melancólicos, la neblina espesa caía como el rocío a las flores, los bombillos de mercurio que trataban de alumbrar la calle principal se descomponían de su nitidez y parecían estrellas que titilan en el firmamento. En la medida que la tarde se iba perdiendo y la noche iba absorbiendo su poder, el cielo se tornaba mas oscuro y la densa neblina se hacia mas fuerte. El tiempo pasó como un relámpago. Ya eran las ocho de la noche y en el pueblo no quedaba un sola alma por lo menos buena. Antonio y Juan acampaban en la calle principal debajo de un balcón en una esquina, cuando de repente a lo lejos vieron una mujer hermosa !OH que animal tan bello! dijo Antonio que era el mas perspicaz, Juan Gozarea que a medias pudo describirla dijo, que era una mujer de cabello rizado y amarillo como el sol, tez blanca y tersa, sus mejillas rosadas por el color de la pintura y aun se veían mas rosadas por el frío penetrante que le golpeaba su tersa cara y que a esa hora de la noche arreciaba con mayor intensidad en el pueblo. Alta y elegante, vestía con atuendos finos de mundana señorona que aparentaba ser, pero en realidad era de edad núbil, una edad colegial, entre el corpiño y el pañolón dejaba entre ver una abertura, que por si sola decía lo escultural y provocador de su armonioso cuerpo, en la penumbra se vislumbraba la redondez de un fruto atrapado en un corpiño pidiendo incesante por su liberación. La mujer, se acercaba cada vez más y más en dirección a los dos hombres, hasta el punto de tenerla frente a frente, ellos permanecieron inmóviles, y estupefactos quedaron los dos efebos por algún lapso de tiempo, no sabían a que mundo pertenecían, si al de vivos o al de los muertos, pero al que perteneciera, estos dos mancebos no sabían que hacer. Antonio que era el mas intrépido y mujeriego sin mediar sílaba alguna la abordo, le hizo un mohín que le detuvo su caminar, la agraciada mujer quiso parar en medio de los dos hombres, estos no lograban volver a la realidad de contemplar ese cuerpo endemoniado por una belleza fugaz, parecía un regalo como extraído del ultimo circulo de los infiernos, seguramente que así era. Antonio el mas díscolo le susurro al oído de Juan, - no insista caray en cautivarla, esa presa es para mí. Y este que era su fiel y único amigo, conociendo las debilidades de su amigo Antonio dio por terminada su faena de seductor y como toro que llevan al matadero dejo ir a su amigo con tan admirable belleza. No habían pasado mas de diez metros, cuando Antonio se devolvió y le expresó a Juan nuevamente en el oído, - Hombre préstame las llaves de su apartamento, usted sabe que en el Ático, lugar donde las victimas perdían su virginidad, - me parece Antonio que en esa guardilla hay comodidades para pasar la noche, hombre esta noche va hacer la mejor noche de mi vida. Por un momento Juan se negó, pero al insistir y ver los ruegos de su amigo decidió prestarle las llaves del Ático donde seguramente irían a pasar la noche Antonio y esa hermosa mujer, en el fondo, en lo mas profundo de su interior Juan envidiaba a Antonio por la hazaña, le parecía imposible el haber logrado conquistar tan fácil y rápido a esa mujer. Pero Juan sabía que la tozudez de Antonio, haría de esa noche la más lujuriosa de su vida prosaica. La noche caía, la luna era más plateada y brillaba como una esfera de cristal en medio de esa álgida oscuridad. Solo al volver a mirar a la distancia y bajo la penumbra de los pocos focos encendidos lo único que se vislumbraba entre los cartuchos y amapolas que adornaban el parque principal de aquel pueblo era el caminar impúdico de un acontecer que mas tarde se reflejaría en una noche siniestra para un hombre desgraciado que solo conocía la lujuria y la diversión. Las dos almas se fueron perdiendo en medio de la oscuridad, sin pensar en el destino avieso que en oportunidades nos depara el transcurrir por los senderos de esta vida.
De un momento a otro y volviendo a la lucidez normal, Juan que tenia mas cerebro, no estaba muy convencido de que con tanta facilidad se obtuvieran esos regalos, cavilo por un instante, y como un rayo en noche de tormenta, quiso consultar de donde provenía tan sin igual belleza en un pueblo de mujeres muy lindas pero muy pocas, que no eran mas de ocho mil almas que lo habitaban y casi todos se conocían. Llego al Oriental el billar donde departían los últimos borrachitos y jugadores de Billar pool, sin mediar palabra abordo a un fulano amigo del mismo talante. - Oiga Gochini, Gochini no era de ascendencia italiana, simplemente en el pasado en una pelea callejera y de un suculento machetazo perdió una oreja y quedo Gocho. Que sabe usted de una mujer hermosa de cabellos dorados y cara angelical que llego al pueblo, Gochini reflexiono por uno minutos y le respondió No hombre a este pueblo hace rato hace mucho rato que no viene forastero o forastera a quedarse, pero un viejo un viejo de antaño de ruana y sombrero, este ultimo le cubría la cara, que no le permitía ver, y pareciera que estuviese dormido, de esos viejos que saben mas historias que la misma historia, permanecía sentado en un taburete de madera envenenándose el pulmón con las ultimas migas de tabaco que le quedaban en su vieja pipa, atragantado de humo irrumpió la conversación de los fulanos. Válgame Dios, esa mujer a la que ustedes hacen referencia vivió hace mucho tiempo en este pueblo, cuando yo era todavía un joven atrevido y volantón, era mala y perversa tenia pacto con Satanás. Los dos hombres miraron al viejo desteñido por el paso del inclemente tiempo, lo hicieron a un lado y continuaron su conversación.
Eran como las doce de la noche, el reloj de la iglesia daba las doce campanadas anunciando que partía un nuevo día, que ya no era el domingo de la resurrección. Juan Llego a dormitar a su apartamento, saco de su bolsillo izquierdo del pantalón las copias de las llaves, las originales se las había prestado a su amigo Antonio, abrió la puerta, y estremecido por un momento en el alféizar de su sala contemplo un panorama lúgubre, las aves que merodeaban el sector alzaron vuelo en parvadas, parecía que fueran chulos, o animales de carroña, la curiosidad de Juan lo impulso a mirar por la rendija de la puerta que comunica el ático con el apartamento, pero se detuvo y se arrepintió, sintió que era muy intimo lo que su amigo podía estar viviendo en esa noche de pasión tal ves podría ser su ultima noche.
Entro, cerro la puerta y se dispuso a conciliar su sueño, no llevaba mas de dos horas cuando de repente sintió un goteo muy fútil que le caía encima, despertó medio sonámbulo, estaba medio aturdido, pero de un sopetón noto que por entre las rendijas del entablado que unían el ático y el cuarto, caía encima del pecho unas góticas de un liquido. Serian las dos de la mañana, ya no era el domingo de resurrección, Juan pensó por algunos segundos que Antonio descocado como siempre se había orinado en la cama haciéndole honor a la pereza de ir al baño, después de esa noche lúbrica de fornicación a la que se había sometido con la hermosa mujer del parque.
Juan de un brinco y mal humorado salió de su cama y encendió la luz, percibió que ese liquido que caía por las rendijas del entablado del ático, no eran los orines de Antonio, en forma despavorida y con la respiración cortada salió en desbandada hacia donde se encontraba su gran amigo , llamo varias veces a su puerta, grito y desespero, en consecuencia de que no contesto y nunca le abrió, tomo la decisión de derribar la puerta, se armo de un utensilio afiliado que estaba cerca y tiro de un solo golpe la puerta al piso, encendió la luz del cuarto donde Antonio reposaba esa noche y se encontró con la peor escena de la que jamás había visto en toda su vida, y de la que nunca pudo olvidar, yacía en la mitad de su cama inerme y rígido el cuerpo de su mejor amigo, degollado, desgarrado, desfigurado, desangrado, como si hubiese combatido toda la noche con la mas horribles de las fieras existentes en el mundo, Juan despavorido, con un estertor en su voz lo único que atino fue buscar por entre el desorden a la mujer, esa acompañante fantasmal que debía estar por algún rincón del ático, merodeo y reviso cada uno de los rincones, pero nada, toda búsqueda fue infructuosa, esa desdichada mujer se esfumo como se esfuma el amoniaco de su recipiente. La desdichada mujer desapareció, dejando un manto de tristeza y desolación, nunca pero mas nunca se volvió a saber nada de ella, muchos de los parroquianos de aquel pueblo afirman ver correr un lobo, de cola larga y ojos rojos incandescentes como dos témpanos de sangre, que saca chispas de candela al cruzar por la montaña, las mujeres viejas, las mas viejas, solo dicen que es el espíritu de la maldad que ronda en busca de almas. Juan nunca más volvió a vivir en ese pueblo, se llevo el recuerdo vivo de aquel desgraciado amigo que por buscar el placer encontró la muerte, Juan se marcho para siempre.
TACHO
Julio 16 del 2002

1 comentario:

  1. hectoraraq@hotmail.com13 de febrero de 2010 a las 20:14

    un comentario me gustaria wscuchar soibre el cuento

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